Se burlaron de mí por viajar sola y creyeron que me asustaba volar, hasta que dos aviones militares aparecieron junto al nuestro y el capitán preguntó por la pasajera del asiento 7A usando un nombre que yo había dejado atrás

Me explicó que el comandante había transmitido mi ofrecimiento y que uno de los pilotos militares reconoció mi nombre de los ejercicios en los que habíamos coincidido.

No había ningún misterio.

Solo una persona que todavía me recordaba al otro lado de una radio.

Aun así, escuchar aquel indicativo hizo que me temblaran las manos.

—¿Puede acompañarme?

Esperamos a que la tripulación indicara que era seguro moverme. Caminé hacia la parte delantera mientras sentía las miradas sobre la sudadera, los tenis y el cabello recogido sin cuidado.

No me había transformado.

Era la misma mujer que había subido al avión.

Lo único que había cambiado era la información que los demás tenían sobre mí.

El capitán me recibió con una pregunta directa sobre mi experiencia. Se la resumí, incluyendo cuánto tiempo llevaba sin volar.

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