—Esto es falso —murmuró.
Joaquín apretó los labios.
—Tiene tu firma.
—Papá, mírame. Yo nunca escribiría algo así.
El anciano desvió los ojos.
—También dijiste que mi pequeña ferretería era un negocio de gente sin ambición. Pensé que quizá ya no soportabas mantenernos.
Álvaro recordó aquella discusión, ocurrida 3 años atrás.
Había menospreciado el trabajo de su padre durante una comida familiar. Nunca se disculpó.
Ahora aquella herida había permitido que una mentira pareciera verdadera.
Carmen sacó una libreta de un cajón.
—Ricardo nos entrega 250 euros cuando puede. Dice que tus negocios van mal y que haces un esfuerzo enorme.
Álvaro sintió que le faltaba el aire.
—Mamá, envío 4.500 euros todos los meses.
La mujer se llevó las manos al rostro.
Durante los últimos 5 meses había tenido que escoger entre pagar medicamentos, comprar alimentos o encender la calefacción.