Álvaro abrió la puerta.
—¿Qué carta, papá?
Sus padres se quedaron petrificados.
Joaquín lo miró con los ojos llenos de lágrimas.
—La carta donde decías que estábamos arruinándote la vida.
Con manos temblorosas, abrió un cajón y sacó un sobre.
Álvaro reconoció su nombre, la dirección de su oficina en Bélgica y una firma idéntica a la suya.
Pero jamás había escrito aquellas palabras.
Y al leer la última frase descubrió algo todavía peor: alguien había utilizado su identidad para ordenar que sus padres abandonaran su propia casa.
PARTE 2
Álvaro leyó el documento mientras Carmen permanecía abrazada a Joaquín.
La carta afirmaba que los cuidados médicos eran demasiado costosos y que él no estaba dispuesto a seguir financiando a sus padres. También concedía a Ricardo autoridad para administrar las ayudas económicas y decidir dónde debían vivir.