—Lo destruisteis vosotros.
A la mañana siguiente, la abogada de Álvaro confirmó que la residencia había dado de alta a Joaquín 5 meses atrás.
Sin embargo, seguían apareciendo cargos mensuales por alojamiento y tratamientos.
Había otro documento todavía más inquietante.
La vivienda de Carmen y Joaquín estaba incluida en una operación de venta, supuestamente autorizada por sus propietarios.
Parte del precio se utilizaría para cubrir deudas de la ferretería que Ricardo administraba.
Álvaro enseñó la documentación a sus padres.
Ninguno recordaba haber dado semejante autorización.
Entonces recibió una llamada de Beatriz.
Su hermana lloraba.
—Álvaro, necesito contarte la verdad antes de que Ricardo haga algo peor.
—¿Qué has hecho?
Hubo un silencio.
—La carta no fue idea suya solamente. Yo falsifiqué tu firma.
Álvaro cerró los ojos.
Pero Beatriz todavía no había terminado.
—Y hay algo sobre la casa que no sabes. Mañana van a intentar que papá firme su venta ante notario.