Seguí a mi madre después de verla esconder 2 bollos en mi fiesta y descubrí que vivía en una casa ruinosa, mientras mis hermanos disfrutaban de los 4.500 euros que yo enviaba cada mes. «¡Saca esos bollos del bolso, mamá, nos estás dejando en ridículo!», le había gritado mi hermana. Sin decir una palabra, llamé a mi abogada. Entonces mi padre me mostró una carta con mi firma que jamás había escrito.

PARTE 3

Álvaro permaneció unos segundos sin responder.

Al otro lado del teléfono, Beatriz respiraba agitadamente.

—¿Dónde estás? —preguntó finalmente.

—En mi piso.

—No te muevas. Voy para allá.

La encontró sentada en la cocina, todavía con el vestido que había llevado a la celebración. Sobre la mesa había una carpeta azul, varios extractos bancarios y un juego de llaves.

Beatriz tenía los ojos hinchados.

—Antes de que me odies, necesito que escuches lo que pasó.

Álvaro se sentó enfrente.

—Lo que necesito es saber cuánto tiempo lleváis robando a nuestros padres.

Su hermana rompió a llorar.

La ferretería de Joaquín había sido durante 43 años un negocio respetado en Zaragoza. No era grande, pero había permitido criar a sus 3 hijos, pagar sus estudios y mantener una vida digna.

Cuando Joaquín sufrió el ictus, Ricardo asumió la gestión.

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