—Lo guardó todos estos años…
—Como si fuera una prueba de que podía decidir por nosotros.
Alejandro le contó la conversación completa.
Mariana escuchó sin interrumpir.
Cuando él terminó, ella preguntó:
—¿Qué quieres ahora?
—Una prueba de paternidad.
Mariana no pareció sorprendida.
—Acepto.
Alejandro respiró aliviado.
—Pero tengo condiciones.
—Las que quieras.
—Si resulta que Mateo es tu hijo, no vas a llegar de pronto con abogados queriendo cambiarle la vida. No vas a intentar llevártelo a tu casa porque tienes más dinero. No quiero camionetas llenas de juguetes ni promesas que después no puedas cumplir.
—No quiero quitarte a Mateo.
—El dinero y las influencias asustan cuando una ha criado sola durante siete años.
Alejandro la miró directamente.
—Entonces confía en mí solo el tiempo suficiente para que podamos saber la verdad.
Mariana aceptó.
Dos días después fueron a un laboratorio privado.