Mateo observó los hisopos con desconfianza.
—¿Por qué él también se tiene que hacer la prueba?
—Para un documento importante —respondió Mariana.
Alejandro sonrió.
—Yo vine para hacerte compañía.
—Ah… para que no me dé miedo.
Durante el regreso, Alejandro le explicó a Mariana que ya habían revisado las cámaras del centro comercial.
El florero estaba asegurado y, además, había sido colocado en un lugar que incumplía las normas de seguridad del local. Nadie le cobraría un peso.
Mariana cerró los ojos.
—Anoche calculé que tardaría más de cinco años en pagarlo.
—Ya no tienes que pensar en eso.
El resultado de la prueba llegaría en tres días.
El jueves por la tarde, Alejandro recibió un correo del laboratorio.
No quiso abrirlo en el celular.
Fue personalmente por el documento.
Se sentó dentro de su camioneta con el sobre cerrado entre las manos.