Sin decir nada, tomó su mano.
Un año después regresaron al mismo centro comercial donde todo había comenzado.
Mateo iba a entrar a segundo de primaria y necesitaban comprar nuevos útiles.
Después de terminar, insistió en subir por la escalera eléctrica.
Al llegar al segundo piso, se detuvo frente a la tienda de decoración.
—¿Se acuerdan?
Mariana soltó una carcajada.
—Créeme que sí.
Ya no había enormes floreros cerca de la entrada. Los objetos pesados estaban contra las paredes y había varios letreros de seguridad.
Mateo miró a Alejandro.
—Papá.
—¿Qué?
—Si yo no hubiera roto aquel florero, ¿nunca nos habrías encontrado?
Alejandro pensó unos segundos.
—Probablemente no.
Mateo sonrió satisfecho.
—Entonces estuvo bien que lo rompiera.
—¡No! —respondieron Mariana y Alejandro al mismo tiempo.
Mateo se echó a reír.
Entonces Mariana notó que Alejandro había dejado de hacerlo.