Sus compañeros prepararon una cita cruel para humillarlo, pero su reacción dejó a todo el restaurante en silencio

Entonces reconoció a Sergio.

Y comprendió.

Durante algunos segundos no dijo nada.

Una parte de él sintió vergüenza.

Otra parte sintió rabia.

Pero sobre todo sintió algo peor.

Culpa.

Aunque no hubiera organizado la situación, Daniela estaba allí porque unas personas que él conocía habían decidido usarla para divertirse.

Ella debió interpretar su silencio de otra manera.

—Mira —dijo rápidamente—, si esto era una broma, no tienes que quedarte.

Alejandro frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Ya me ha pasado algo parecido.

Aquella frase le dolió más que cualquier explicación.

Daniela intentó sonreír.

—No pasa nada. De verdad.

Alejandro la miró.

No había enojo en su rostro.

Había resignación.

Eso fue lo que más le afectó.

Parecía una persona acostumbrada a ser herida y luego encargarse ella misma de que los demás no se sintieran incómodos por haberla herido.

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