Le dije que estaba de acuerdo.
Todos necesitamos disfrutar.
También yo.
Lo que no entendía era por qué yo estaba renunciando a utilizar mis ahorros para que ellos pudieran guardar los suyos para unas vacaciones.
Elena se enfadó.
Me dijo que parecía que quisiera controlar en qué gastaban cada euro solo porque los ayudaba.
Aquello me dolió porque precisamente nunca lo había hecho.
Le respondí que no quería controlar su dinero.
Solo dejaría de entregarles el mío.
El lunes no hice la transferencia.
Durante varias semanas nuestra relación estuvo tensa.
Mi hija me llamó para decirme que había entendido mal la situación. Yo le repetí que no estaba enfadado porque quisieran viajar al Caribe.
Estaba dolido porque durante meses me habían presentado su situación como una necesidad.
Finalmente hicieron el viaje, pero más corto de lo previsto.