Me llamo Francisco, tengo 69 años y vivo en Madrid. Estoy jubilado desde hace cuatro años. No soy rico, pero después de trabajar toda mi vida tengo una pensión suficiente y algunos ahorros.
Mi hija Elena tiene 38 años, está casada con Rubén y tienen dos niños.
Hace aproximadamente dos años me contó que estaban pasando una época complicada. Habían subido la hipoteca, los niños tenían muchos gastos y entre actividades, comida y recibos llegaban muy justos a final de mes.
Le ofrecí ayudar.
Al principio eran cantidades pequeñas cuando surgía algo. Después acordamos que le transferiría una cantidad cada mes.
Nunca le pedí explicaciones.
Si podía ayudar a que mis nietos estuvieran bien, me parecía dinero bien empleado.
Yo tampoco necesitaba grandes cosas. Conduzco un coche de trece años, desayuno casi todos los días en casa y mis vacaciones suelen ser unos días en Benidorm con un antiguo compañero de trabajo.