Tras 7 años sin ver, recuperé la vista y sorprendí a mi marido abrazando a Irene mientras preparaban unos papeles para mí. Él sonreía; yo acababa de descubrir que millones habían salido de mi patrimonio y que Hugo quizá no era mi hijo. Oí: “Cuando firme, lo importante estará protegido”. No firmé y llamé a mi abogada; minutos después apareció el registro original de nacimiento con otro nombre como madre.

Marta abrió una carpeta.

—Una parte importante de esta vivienda fue adquirida mediante fondos vinculados al patrimonio de Clara Valdés. Le aconsejo no empezar esta conversación hablando de propiedad.

El notario permaneció en silencio.

Álvaro señaló a Eduardo.

—Este hombre está manipulándola.

Clara soltó una risa seca.

—¿Igual que cuando me dijiste que estaba muerto?

Álvaro la miró.

—Intentaba protegerte.

—Durante 7 años me dijiste que no tenía familia.

—No recordabas nada.

—Eso no significa que pudieras inventarme otra vida.

Eduardo puso sobre la mesa varios documentos.

Había transferencias desde sociedades patrimoniales de Clara hacia empresas vinculadas a Álvaro.

Algunas autorizaciones tenían fechas en las que Clara figuraba ingresada.

Otras aparecían vinculadas a firmas obtenidas durante su rehabilitación.

Clara recordó decenas de noches.

Álvaro colocándole papeles bajo los dedos.

“Firma aquí, cariño, es para el seguro.”

“Pon tu nombre aquí, es para la clínica.”

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