Tras 7 años sin ver, recuperé la vista y sorprendí a mi marido abrazando a Irene mientras preparaban unos papeles para mí. Él sonreía; yo acababa de descubrir que millones habían salido de mi patrimonio y que Hugo quizá no era mi hijo. Oí: “Cuando firme, lo importante estará protegido”. No firmé y llamé a mi abogada; minutos después apareció el registro original de nacimiento con otro nombre como madre.

—¿Desde cuándo?

—Desde que Hugo me empujó.

Clara observó cómo el miedo se convertía inmediatamente en cálculo.

Álvaro no pensaba en su recuperación.

Estaba repasando mentalmente todo lo que había hecho delante de ella desde la caída.

—Clara, puedo explicarte…

Sonó el timbre.

Irene se sobresaltó.

Álvaro caminó hacia la entrada.

Cuando abrió, encontró a Eduardo Valdés, acompañado por Marta Aguirre, abogada de la familia.

Clara lo vio desde el salón.

Su padre había envejecido.

El cabello que recordaba oscuro era casi blanco. Tenía más arrugas, los hombros algo encorvados y los mismos ojos con los que ella soñaba algunas noches sin saber a quién pertenecían.

Eduardo se quedó parado.

—Clara…

Ella quiso correr hacia él.

Pero se contuvo.

Todavía faltaban respuestas.

Álvaro bloqueó el paso.

—No pueden entrar así en mi casa.

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