Un día después de nuestra boda, mi suegra me roció desinfectante directo en los ojos y escupió: “Una mujer sucia y sin un centavo como tú jamás pertenecerá a esta familia.” Mi esposo no solo se quedó mirando… también me sujetó los brazos mientras yo gritaba de dolor. Horas después, los médicos confirmaron quemaduras químicas en ambos ojos. Pero cuando mis padres pidieron ver cada segundo de las cámaras de seguridad, su familia entendió que acababa de tocar a la mujer equivocada…

—Tú me dijiste que dejara de exagerar —respondí—. Así que dejé de hacerlo. Ahora va a hablar la ley.

Esa misma tarde, Beatriz fue detenida en un club privado durante una comida con sus amigas.

Sebastián cayó dos horas después.

Pero cuando creí que el horror ya estaba completo, mi madre me mostró un correo recuperado de su servidor privado.

Solo tenía una frase de Sebastián.

“Cuando Lucía sea legalmente mía, su padre tendrá que salvarnos.”

Y ahí entendí que mi matrimonio no había sido una boda.

Había sido una emboscada.

Parte 3: LA REUNIÓN DONDE PERDIERON TODO

Tres días después, la familia Landa entró a una sala de juntas en Santa Fe creyendo que todavía podía negociar.

La reunión era en el piso treinta y ocho de Grupo Rivas Capital. Ventanales enormes, mesa de nogal, ciudad extendida abajo como un tablero donde algunas piezas ya habían caído.

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