Un mensajero llegó con una carpeta de una notaría, pero mi suegra se la arrebató y dijo: “Es publicidad”. Esa noche, mientras todos dormían, vi los documentos debajo de una puerta cerrada y entendí por qué mi esposo llevaba semanas insistiendo en que firmara “por su negocio”.

Madre e hijo se miraron.

Por primera vez Natalia no vio complicidad en sus ojos.

Vio miedo.

—Cancela —ordenó Leticia.

—Ya vienen.

Sonó el timbre.

Karla entró primero.

Después Mercedes.

Doña Rosario llegó detrás.

Natalia puso café y pastel sobre la mesa.

Diego apenas tocó su taza.

Leticia permaneció rígida.

Durante unos minutos todos hablaron de cosas sin importancia.

Hasta que Karla preguntó:

—Oye, Diego, mamá me dijo que ibas a abrir un negocio. ¿Ya conseguiste trabajo o qué?

Natalia dejó lentamente su taza sobre el plato.

—Qué bueno que preguntas.

Todos la miraron.

Ella sacó el teléfono.

—Porque esta noche precisamente vamos a hablar del gran negocio de mi marido.

Diego palideció.

Y Leticia comprendió, demasiado tarde, que Natalia ya sabía algo.

Lo que ninguno de los dos sabía era cuánto.

PARTE 3

—Natalia, no empieces con tus dramas —murmuró Diego.

Ella no levantó la voz.

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