Entonces salió de la habitación descalza.
La puerta del antiguo estudio de su abuela era vieja y tenía una separación considerable entre la madera y el piso.
Natalia encendió la lámpara del teléfono.
La carpeta estaba tirada justo detrás.
Tomó una espátula larga de madera de la cocina y, poco a poco, consiguió acercarla.
Primero apareció una esquina.
Luego otra.
Finalmente pudo sacar varias hojas.
Leyó.
Y sintió que se le helaba la sangre.
Había un proyecto de poder para realizar actos de administración y dominio relacionados con el departamento.
También había un borrador de convenio mediante el cual Natalia reconocería a Diego derechos sobre el cincuenta por ciento del inmueble, con instrucciones para posteriormente formalizar la operación ante notario.
Su firma aún no estaba.
Nada de aquello transfería por sí solo el departamento.
Pero ahora Natalia entendía el plan completo.