Primero querían hacerla firmar documentos que ella creyera relacionados con un supuesto crédito.
Después la llevarían al siguiente trámite asegurando que todo formaba parte del mismo negocio.
Y si Natalia protestaba, Diego ya tendría papeles firmados para presionarla.
Fotografió cada página.
Después las devolvió exactamente como estaban.
Por la mañana preparó café.
Leticia criticó que estaba muy aguado.
Diego se quejó del desayuno.
Natalia no respondió.
Mientras ellos hablaban, ella abrió discretamente la aplicación bancaria.
Descargó estados de cuenta de los últimos veintidós meses.
Renta no había, porque el departamento era suyo.
Pero mantenimiento, predial, luz, agua, gas, internet, supermercado, reparaciones, medicinas…
Todo salía de la cuenta de Natalia.
De Diego, ni un depósito.
También fotografió la escritura donde constaba que su abuela le había heredado exclusivamente el inmueble.
A la hora de la comida pidió permiso para salir de la panadería.