Un niño esperó cinco horas para entregar un sobre a una empresaria… y dentro estaba su pasado perdido

Elena miró por la ventana de su despacho.

Aquello le resultaba insoportable precisamente porque Mauricio tenía razón.

Arturo había estado allí desde los primeros años.

Había revisado contratos.

Había negociado adquisiciones.

Había ganado su confianza.

Había sido también quien le dijo que Rafael quería marcharse.

—Hazlo —ordenó Elena.

Después agregó:

—Pero primero quiero encontrar a Rafael.

Tres días más tarde, Elena regresó con Diego a la dirección donde había funcionado la primera oficina.

El edificio seguía allí, aunque casi todo había cambiado.

La antigua oficina había sido remodelada varias veces y ahora estaba vacía, esperando un nuevo inquilino.

Elena recorrió aquel espacio con una sensación extraña.

Recordaba perfectamente dónde estaban los escritorios.

La cafetera.

Los archiveros.

El pequeño sillón donde Rafael dormía algunas noches cuando trabajaban hasta demasiado tarde.

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