Un niño pagó 60 € por un torno de 14 toneladas que llamaban chatarra… y la Armada le pagó 268.000 €

Remedios tomó fotografías generales.

Después comenzó a registrar los precintos uno por uno.

Julián comparaba las cifras con unas hojas impresas. Don Ignacio lo acompañó alrededor de la bancada, observando las medidas y las placas.

Nadie hacía bromas.

El sonido de la cámara y el roce de los papeles parecían más fuertes de lo normal.

Yo buscaba alguna señal en sus caras.

Remedios terminó de escribir y se acercó a mamá.

—Podemos proceder a la apertura para documentar el estado interior. ¿Nos autoriza?

Mamá me miró.

—Marcos.

Sentí que todas las sillas se habían vuelto hacia mí.

—Sí —respondí.

Remedios fotografió el primer cierre, cortó el alambre y guardó el precinto en una bolsa marcada.

Fermín ayudó a Julián con la tapa.

Cuando la levantaron, di un paso hacia delante sin darme cuenta.

Mamá me sujetó por el brazo para que mantuviera la distancia.

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