Un niño pagó 60 € por un torno de 14 toneladas que llamaban chatarra… y la Armada le pagó 268.000 €

—Pues habrá que conocerlo.

Salí antes de que encontrara otra broma.

El sábado amaneció despejado.

Fermín llegó temprano, revisó el terreno y retiró la lona. Mamá colocó unas sillas prestadas junto al garaje y dejó una mesa para los documentos.

Yo llevaba mi libreta en el bolsillo.

Había anotado cada número de los precintos tantas veces que podía recitar algunos de memoria.

Ramiro apareció cuando casi todos estaban sentados. Se quedó junto a su camioneta.

A las diez llegó un coche blanco.

Remedios era una mujer de pelo gris corto que caminaba deprisa, con una carpeta bajo el brazo y una cámara colgada al cuello.

Me estrechó la mano.

—Gracias por esperar.

Con ella venía Julián Ferrer, un especialista del taller de maquinaria pesada del Arsenal de Ferrol.

Saludó a mi madre y pidió ver los documentos de compra.

Antes de acercarse al torno, ambos revisaron la procedencia de la máquina. Gonzalo explicó lo que sabía de su tío abuelo y mostró los papeles antiguos que había encontrado.

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