Una empleada corrió hacia una niña perdida y segundos después descubrió quién era realmente su padre

—Caminaba hacia donde pasan los autos.

Él palideció.

—Vi lo que pasó desde lejos.

Miró el vehículo que ya se había detenido varios metros más adelante.

Luego volvió a mirar a Valeria.

—Si usted no hubiera llegado…

No terminó la frase.

Valeria tampoco quiso imaginarlo.

—Pero llegué —respondió—. Eso es lo importante.

El hombre besó la cabeza mojada de su hija.

—Solo aparté la vista un momento —dijo con voz ronca—. Estaba revisando unos documentos en el auto. Cuando volví a verla, la puerta estaba abierta.

Apretó los labios.

—La busqué por todas partes. Fueron quizá cinco minutos, pero sentí que habían pasado horas.

Valeria no lo juzgó.

El miedo en sus ojos ya era castigo suficiente.

—Ahora está con usted.

Sofía seguía tiritando.

Valeria se quitó el suéter fino que llevaba debajo de su impermeable y se lo colocó sobre los hombros.

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