Ricardo ignoró la pregunta y presentó otro documento.
Era una propuesta para transferir el control de la principal división de transporte a un comité dirigido por él.
—Firma esto y yo me encargaré de proteger la empresa.
—No.
Ricardo sonrió.
—Tu firma está en la autorización.
Si sale a la luz, podrías perderlo todo.
Alejandro lo miró fijamente.
—Tú preparaste ese informe.
—Pero tú lo firmaste.
Ricardo se levantó y acomodó su saco.
—Por cierto, qué bonita niña es Sofía.
Sería terrible que la gente descubriera que el empresario responsable de la bodega donde murió su padre ahora pretende ocupar su lugar.
Alejandro sintió que la sangre le hervía.
—No vuelvas a mencionar a esa niña.
Ricardo dejó una fotografía sobre la mesa.
Mostraba a Sofía saliendo de la escuela junto a su abuela.
—Entonces firma antes del viernes.
Cuando salió, Alejandro llamó a Valeria.