—Pregúntale por el terreno de Cholula. Pregúntale por qué vendió la parte que el abuelo había prometido dejarme.
Don Ernesto cerró los ojos.
Años atrás, cuando Javier tenía 19, había querido abrir un negocio de autopartes con un amigo. Su abuelo le había prometido de palabra un pequeño terreno. Pero antes de firmar cualquier escritura, don Ernesto descubrió que el socio utilizaba documentos falsos y que el proyecto estaba ligado a personas que ya acumulaban denuncias. Para proteger a su hijo y pagar una cirugía urgente de doña Teresa, vendió el terreno. Javier nunca lo perdonó.
—Te salvé de perderlo todo —dijo don Ernesto—. Y con parte de ese dinero operamos a tu madre. Nunca fue una herencia legalmente tuya.
—Era mío —insistió Javier—. Siempre fue mío.
—Aunque así fuera —intervino Lucía—, eso no te daba derecho a falsificar firmas, desviar transferencias ni poner en garantía una casa ajena.