PARTE 2: El billete que nunca olvidó

—¿Tu mamá?

Valeria asintió.

—Dice que no dejaba de decir que algún día iba a devolverle esos 200 pesos.

Los ojos de Mateo se humedecieron.

—Entonces era ella.

Valeria sonrió.

—Sí.

Él bajó la mirada.

Durante mucho tiempo no dijo nada.

Finalmente sacó su cartera.

Valeria pensó que iba a dejar la propina de siempre.

Pero esta vez no sacó un billete.

Sacó una pequeña tarjeta.

—Quiero hacer algo.

—¿Qué?

Mateo la deslizó hacia ella.

—Una beca.

Valeria leyó el nombre:

Fundación Lucía Ferrer.

—Para estudiantes de enfermería.

Ella levantó la mirada.

—No tiene que hacer esto.

Mateo negó.

—No estoy pagando una deuda.

Miró hacia la cocina, donde otros empleados trabajaban.

—Estoy intentando que más personas tengan la oportunidad que tu madre me dio.

Después dejó un billete sobre la mesa.

Como siempre.

200 pesos.

Valeria lo miró.

—¿Todavía?

Mateo sonrió.

—Algunas cosas no cambian.

Y por primera vez, ella entendió que aquella pequeña cantidad nunca había sido una propina.

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