—No contestes rápido. Tener un hijo es tomarse fotografías, presumirlo, celebrar cumpleaños. Ser padre es levantarse cuando tiene fiebre. Limpiar vómito a las dos de la mañana. Cancelar planes. Cambiar pañales. Llevarlo al pediatra. Estar cansado y aun así seguir.
Mauricio miró sus manos.
Las tenía ásperas y llenas de pequeñas heridas.
Durante dos semanas había creído conocer el cansancio.
Pero ahora entendía que aquel trabajo tenía un final.
La paternidad no.
—Quiero ser su padre —dijo finalmente—. Y sé que decirlo no sirve de mucho.
Mariana permaneció callada.
—No te voy a pedir que me creas hoy. Déjame demostrártelo.
—¿Cómo?
—Regresen mañana.
Mariana frunció el ceño.
—¿Eso es todo?
—No.
Mauricio se levantó, fue hasta el refrigerador y sacó una hoja pegada con un imán.
—Hice esto.
Era un horario.
Mariana empezó a leer.