Mateo dejó de llorar poco a poco.
Mariana cerró el clóset.
Nunca creyó que aquella llamada desde el hospital terminaría así.
Su suegra había intentado regalarle a su hijo tres meses de vacaciones de la paternidad.
Rafael convirtió esas vacaciones en dos semanas de polvo, cemento y realidad.
Pero el verdadero cambio no ocurrió en las paredes del departamento.