Mariana negó divertida.
—Todavía estás aprendiendo.
—También.
Las dos maletas azules permanecieron durante meses en la parte alta del clóset.
Un día, mientras buscaban ropa para donar, Mauricio las encontró.
Se quedó mirándolas.
—¿Las tiramos?
Mariana negó.
—No.
—¿Por qué quieres conservarlas?
Ella pasó la mano por una de ellas.
—Porque quiero recordar algo.
Mauricio bajó la mirada.
—Yo también lo recuerdo.
—No hablo de lo que hiciste.
Él la miró sorprendido.
Mariana sonrió.
—Quiero recordar que el día en que alguien intentó sacarme de mi propia casa con mi bebé en brazos, descubrí que no tenía que gritar para defenderme. Solo necesitaba dejar que cada persona cargara con las consecuencias de sus decisiones.
Desde la sala llegó el llanto de Mateo.
Mauricio reaccionó inmediatamente.
—Voy yo.
Mariana lo vio salir corriendo.
Pocos segundos después escuchó su voz.
—A ver, campeón, ¿qué tenemos? ¿Hambre, sueño o una tragedia nacional en el pañal?