—Mamá…
Rafael le entregó una espátula.
—Seguimos.
Una semana después, Mauricio había bajado varios kilos y ya no recordaba cuándo había encendido por última vez su consola.
Pero algo más estaba cambiando.
Por las noches miraba las fotografías que Mariana le enviaba del bebé.
Una mostraba al pequeño dormido sobre su pecho.
Otra, a Mariana con enormes ojeras intentando sonreír mientras lo alimentaba a las tres de la mañana.
En una tercera fotografía había una taza de café frío sobre la mesa.
Mauricio escribió:
“¿Has dormido?”
Mariana respondió:
“Dos horas seguidas. Todo un récord.”
Él miró sus propias manos lastimadas.
Por primera vez se preguntó cuántas horas estaría durmiendo ella.
Dos días después recibió accidentalmente un mensaje de voz de Teresa que no iba dirigido a él.
Su madre estaba hablando con una amiga.
—Por suerte saqué a Mariana del departamento a tiempo. Si la dejábamos volver con el bebé, Mauricio iba a convertirse en niñero. Los hombres se acostumbran y luego las mujeres quieren que hagan todo. Yo solo quería que mi hijo entendiera que cuidar niños es trabajo de ellas.
Mauricio reprodujo el audio dos veces.
Después una tercera.
Y algo dentro de él se quebró.
No porque su madre hubiera querido protegerlo.
Sino porque comprendió que él había aceptado encantado abandonar a su esposa justo cuando más lo necesitaba.
Aquella noche, Rafael lo encontró sentado sobre un bote de pintura, mirando el teléfono.
—¿Qué pasa?
Mauricio levantó la vista.
—Creo que fui un imbécil.
Rafael no respondió.
—Quiero volver con Mariana.
—Entonces habla con ella.
—Tengo miedo de que no quiera regresar conmigo.
Rafael dejó lentamente las herramientas sobre la mesa.
—Eso, Mauricio, ya no depende de mí.
Y antes de que pudiera decir algo más, el teléfono de Mauricio comenzó a sonar.
Era Mariana.
PARTE 3
Mauricio miró la pantalla durante varios segundos antes de contestar.
—¿Bueno?
—Mauricio, necesito hablar contigo.
La voz de Mariana sonaba tranquila.
Demasiado tranquila.
Rafael entendió que aquella conversación no le correspondía y salió al balcón.
—Claro —respondió Mauricio—. Dime.
—Mi mamá cuidará al bebé mañana por la tarde. Quiero ir al departamento.
Mauricio tragó saliva.
—¿Vas a volver?
Hubo un breve silencio.
—Quiero hablar contigo antes de decidirlo.