Teresa cambió de tono al instante.
—Hijo, explícale a tu esposa que no puede romper compromisos cada vez que se le ocurre.
Arturo miró a Mariana.
—¿Otra vez esto?
—Mi papá estuvo en quirófano, Arturo.
—Y salió bien.
—Eso no significa que los gastos desaparezcan.
Él se frotó la frente.
—Pudiste haber usado otra cuenta.
Mariana lo miró sin entender.
—¿Estás diciendo que debía pagarle a tu madre antes que ayudar a mi padre?
—Estoy diciendo que no puedes cambiar las cosas sin consultarme.
—Te lo dije antes de pagar el hospital.
Teresa cruzó los brazos.
—Siempre ha sido desagradecida. Vive como vive gracias a ti y todavía actúa como si esta familia le debiera algo.
Arturo guardó silencio unos segundos.
Luego dijo las 4 palabras que terminaron de romper algo dentro de Mariana.
—Mi mamá tiene razón.
Mariana dejó de defenderse.
Observó el reloj de lujo que ella le había regalado, la cocina remodelada con sus ahorros y al hombre que durante años había preferido la comodidad de su madre a la dignidad de su esposa.