—Solo necesito que me apoyes mientras mi papá se recupera.
Arturo elevó la voz.
—¡Ya basta, Mariana! Si no respetas a mi familia, recoge tus cosas y sal de mi casa.
Teresa sonrió.
Mariana tenía lágrimas en los ojos, pero no respondió de inmediato.
Sacó el teléfono.
—Arturo, piensa bien antes de repetir que esta es tu casa.
Él frunció el ceño.
—¿Qué significa eso?
Mariana buscó un contacto.
—Rebeca, soy yo. Activa todo.
Del otro lado, su abogada guardó silencio un segundo.
—¿El divorcio también?
—El divorcio, la revisión financiera y la notificación al consejo de administración. Todo.
Arturo palideció.
—¿Qué revisión financiera?
Mariana abrió un gabinete y sacó una carpeta gris.
—La que comenzó hace 8 meses, cuando encontré una transferencia de 680,000 pesos de Medinova a una consultora que pertenece a tu madre.
Teresa dejó de sonreír.
Arturo dio un paso hacia ella.