Y la idea le resultó insoportable.
Durante las semanas siguientes, el divorcio avanzó con una rapidez que Sebastián no esperaba.
Elena no discutía.
No amenazaba.
No filtraba información a la prensa social de Guadalajara.
No intentaba quedarse con acciones que no le correspondían.
No reclamaba propiedades de la familia Alcázar.Solo exigía precisión.
Cada cuenta conjunta fue documentada.
Cada inversión fue valuada.
Cada transferencia tenía respaldo.
Sebastián descubrió entonces algo que había olvidado.
Elena había estudiado administración financiera antes de conocerlo.
Durante años dejó su carrera de lado porque la vida familiar y las obligaciones sociales alrededor del grupo empresarial absorbieron casi todo su tiempo.
Pero no había olvidado nada.
En La Esperanza, mientras tanto, ocurrió algo inesperado.
Elena empezó a trabajar.
Primero reparó el techo de la antigua bodega.
Después contrató a cuatro trabajadores del pueblo para limpiar los corrales.