“Elena…”
“Sebastián, no voy a pelear contigo por dinero. Andrea te enviará una propuesta. Las capitulaciones matrimoniales son claras. Conservamos nuestros bienes individuales. Respecto a las inversiones conjuntas, quiero que se haga una valuación independiente.”
“Puedes quedarte con la casa de Guadalajara.”
“No la quiero.”
“El departamento de Puerto Vallarta.”
“No.”
“Elena, después de once años no vas a salir con una maleta.”
“No salí con una maleta.”
Sebastián guardó silencio.
Era cierto.
Elena había salido con un bolso pequeño.
Nada más.
“Enviaré a alguien por mis cosas personales”, continuó ella. “Puedes pedirle a Teresa que supervise.”
“¿Ni siquiera vas a venir?”
“No.”
“¿Nunca?”
Elena respiró al otro lado de la línea.
“No tengo ninguna razón para hacerlo.”
La llamada terminó.
Sebastián permaneció mirando su teléfono.
Aquella tarde, por primera vez, entendió que Elena realmente podía construir una vida en la que él no existiera.