ÉL CREYÓ QUE SU ESPOSA LUCHARÍA POR ÉL… ELLA SOLO INCLINÓ LA CABEZA, ABANDONÓ LA HACIENDA Y NUNCA REGRESÓ

Mandó revisar el pozo.

Recuperó veinte hectáreas que llevaban años sin utilizarse.

Su padre había criado ganado lechero en pequeña escala y producido quesos artesanales que vendía en mercados de la región.

Elena encontró sus viejos cuadernos.

Recetas.

Costos.

Nombres de proveedores.

Notas escritas a mano.

En una página amarillenta había una frase de Julián Márquez:

“Un rancho pequeño no necesita parecer grande. Necesita producir algo de lo que uno pueda sentirse orgulloso.”

Elena leyó aquella frase tres veces.

Después llamó a seis mujeres que conocía desde niña.

Tres producían queso en sus casas.

Una elaboraba cajeta.

Otra cultivaba hierbas.

La última había administrado durante años una pequeña tienda.

“Quiero intentar algo”, les dijo.

En menos de tres meses nació Cooperativa La Esperanza.

No era un imperio.

No había oficinas de cristal.

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