ÉL CREYÓ QUE SU ESPOSA LUCHARÍA POR ÉL… ELLA SOLO INCLINÓ LA CABEZA, ABANDONÓ LA HACIENDA Y NUNCA REGRESÓ

No había choferes.

No había cenas con trescientas personas.

Había una mesa de madera, una computadora usada, botas llenas de polvo y reuniones en las que alguien siempre llevaba café.

Elena era más feliz de lo que se permitía reconocer.

Hasta que Grupo Alcázar apareció nuevamente en su vida.

Fue un jueves de noviembre.

Uno de los productores de la cooperativa llegó preocupado.

“Doña Elena, ¿ya vio lo del contrato?”

Le mostró una copia.

Grupo Alcázar Agroindustrial estaba proponiendo nuevos acuerdos de compra a pequeños productores de la zona.

Precios iniciales atractivos.

Duración de siete años.

Cláusulas de exclusividad.

Penalizaciones elevadas.

Y una condición que permitía ajustar unilateralmente ciertas tarifas logísticas.

Elena leyó el documento completo.

Reconoció la estructura.

Era parte del gran acuerdo con el fondo de Monterrey anunciado aquella noche.

El crecimiento de Grupo Alcázar requería garantizar volúmenes enormes.

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