ÉL CREYÓ QUE SU ESPOSA LUCHARÍA POR ÉL… ELLA SOLO INCLINÓ LA CABEZA, ABANDONÓ LA HACIENDA Y NUNCA REGRESÓ

Sebastián asintió.

“Eso pensé.”

“No. Eso descubriste después de firmarlo.”

Sebastián la miró.

“Sí.”

Fue la segunda vez que ella pareció sorprenderse.

“¿Qué quieres de mí?”

“Que me digas qué harías.”

Elena tardó unos segundos en responder.

“Renegociaría.”

“El fondo puede retirarse.”

“Entonces que se retire.”

“Estamos hablando de cientos de millones de pesos.”

“Y yo estoy hablando de cientos de familias.”

“Si rompo el acuerdo, el consejo puede intentar removerme.”

Elena se acercó un paso.

“Entonces finalmente tendrás que decidir qué clase de hombre quieres ser cuando no hay trescientas personas aplaudiéndote.”

Sebastián recibió aquellas palabras sin defenderse.

Era quizá la primera vez que lo hacía.

Antes de irse, miró la pequeña oficina de Elena.

Sobre una pared había una fotografía de Julián y Teresa Márquez.

En otra, un pizarrón lleno de pedidos.

Sebastián señaló las cajas.

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