ÉL CREYÓ QUE SU ESPOSA LUCHARÍA POR ÉL… ELLA SOLO INCLINÓ LA CABEZA, ABANDONÓ LA HACIENDA Y NUNCA REGRESÓ

Sebastián se puso de pie.

“Renata.”

“No. Escúchame tú ahora. Elena estuvo contigo cuando esta empresa debía más de lo que ingresaba. Vendió un departamento que había heredado de su abuela para ayudarte cuando ningún banco quería ampliar la línea de crédito.”

“Se lo devolví.”

“Con intereses. Sí. Porque Elena insistió en documentarlo. Gracias a Dios.”

Sebastián frunció el ceño.

“¿Qué significa eso?”

“Que quizá deberías empezar a recordar que tu esposa nunca fue una mujer indefensa esperando que tú le pagaras la vida.”

Renata salió.

Aquella frase lo acompañó durante todo el día.

Por la tarde, Sebastián llamó a Elena.

No contestó.

Volvió a llamar una hora después.

Nada.

Le escribió:

“Tenemos que hablar sobre los abogados y la separación.”

El mensaje apareció como entregado.

No hubo respuesta.

Al día siguiente recibió un correo de un despacho jurídico de Guadalajara.

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