ÉL CREYÓ QUE SU ESPOSA LUCHARÍA POR ÉL… ELLA SOLO INCLINÓ LA CABEZA, ABANDONÓ LA HACIENDA Y NUNCA REGRESÓ

La licenciada Andrea Villaseñor informaba que representaría a Elena Márquez en todos los asuntos relacionados con la disolución matrimonial.

La comunicación era educada, breve y devastadoramente profesional.

Sebastián llamó inmediatamente.

Elena respondió esta vez.

“¿Contrataste a Andrea Villaseñor?”

“Sí.”

“Podrías haberme llamado primero.”

Hubo silencio.

Después Elena preguntó:

“¿Como tú me llamaste antes de anunciar nuestro divorcio?”

Sebastián no tuvo respuesta.

“Elena, quiero que esto sea civilizado.”

“También yo.”

“Entonces regresa y hablamos.”

“No voy a regresar a la hacienda.”

“Es tu casa.”

“Lo fue.”

Sebastián caminó hasta la ventana de su oficina.

“¿Dónde estás?”

“No es importante.”

“Para mí sí.”

Elena tardó unos segundos.

“Estoy en La Esperanza.”

Sebastián cerró los ojos.

“El rancho de tus padres.”

“Sí.”

“Está prácticamente abandonado.”

“Ya no.”

Aquellas dos palabras lo inquietaron más de lo que debían.

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