—Lo está haciendo —sentenció Grace con firmeza—. Y la razón por la que te advertí que no tocaras el dinero de la cuenta mancomunada es muy simple: si retiras un solo peso antes de mañana al mediodía, el sistema emitirá una alerta automática a los socios de Lucas. Pensarán que él intentó traicionarlos antes de liquidar el saldo del contrato. Y si ellos creen eso, no van a ir tras él a su oficina. Van a venir por ti a esa casa, porque para ellos tú eres la garantía física de la deuda.
El silencio volvió a inundar el estudio, roto únicamente por el tictac del reloj en la pared, que ahora sonaba como la cuenta regresiva de una bomba. Miré la pantalla de mi computadora: la página del banco seguía abierta, con el cursor parpadeando sobre el botón de «Confirmar transferencia total a cuenta personal». Si hubiera dado clic tres minutos antes, como planeaba antes de que entrara el mensaje, ya habría firmado mi propia sentencia.