Lo Que Le Pidió Antes de Volver a Bailar Cambió Todo Entre Ellos-silas

Una semana después me pidió su teléfono.

Lo tenía cargando junto a la ventana.

Se lo pasé.

«Voy a escribirle», dijo.

No pregunté qué.

Cinco minutos después me mostró la pantalla.

Había escrito un mensaje larguísimo.

Explicaba el accidente.

Explicaba su miedo.

Explicaba cuánto la necesitaba.

Explicaba que nunca había querido hacerla sentir culpable.

Solo había una cosa que no decía.

«¿Dónde está la disculpa?» pregunté.

Frunció el ceño.

«Todo esto es una disculpa.»

«No.»

Le devolví el teléfono.

«Todo eso explica cómo te sentías. No dice qué hiciste.»

Borró el mensaje completo.

No escribió otro mientras yo estaba ahí.

Esa noche, cuando llegué a casa, recibí un mensaje de ella.

No me contó lo que él le había enviado.

Solo decía que quería agradecerme por haberla escuchado junto al elevador y que había regresado a sus clases.

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