Tragó saliva.
«Y pensé que quizá ya no estaba enojada.»
«Que ella te cuidara no significaba que hubiera cambiado de opinión.»
«Ya sé.»
«¿Lo sabías ayer?»
No respondió.
Eso era respuesta suficiente.
Entonces me confesó que, unos días antes, ella ya había comenzado a hablar de regresar a su rutina.
Primero mencionó que una compañera le estaba mandando videos de las clases.
Luego dijo que quería empezar a ir aunque fuera algunos días.
Él cambiaba de tema.
Cuando ella hablaba de danza, él hablaba de rehabilitación.
Cuando ella mencionaba los horarios que estaba perdiendo, él preguntaba quién lo acompañaría al día siguiente.
Nada de eso parecía una orden por separado.
Junto, era otra cosa.
La noche anterior, ella finalmente le había dicho que ya no iba a posponerlo.
Volvería a bailar.
Seguiría visitándolo de vez en cuando si él quería, pero ya no todos los días.