Me despidieron por salvar a un anciano sin identificación mientras mi mamá se quedaba sin medicinas; al amanecer, un hombre de traje llegó a buscarlo y el director del hospital descubrió a quién había dejado abandonado en una camilla

Cárdenas esperó a que trasladaran al paciente.

Luego extendió la mano.

—Tu gafete.

—Doctor, mi mamá depende de…

—Debiste pensarlo antes de desobedecer.

Dejé el gafete sobre su palma.

Ya estaba junto a la salida cuando escuché unos pasos apresurados. Un hombre de traje acababa de entrar, acompañado por el administrador.

Llevaba en la mano una fotografía.

Era don Ernesto.

Al verme, preguntó:

—¿Usted es la enfermera que lo atendió?

Asentí, sin entender.

El hombre miró el uniforme, mis ojos hinchados y la bolsa donde acababa de guardar mis cosas.

—Entonces necesito saber por qué están echando a la persona que acaba de salvarle la vida al fundador de este hospital.

PARTE 2

No conseguí responderle.

Volteé hacia las puertas de Urgencias, esperando que alguien corrigiera lo que acababa de escuchar.

El hombre se presentó como Gabriel Robles, abogado de Ernesto Valdés y director de la fundación vinculada al hospital.

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