—Me duele aquí.
Se señaló el pecho.
Cárdenas apareció antes de que llegara la doctora.
Miró los zapatos, la ropa vieja y el espacio vacío donde debía estar el nombre completo del paciente.
—¿Quién autorizó ocupar este cubículo?
Le expliqué cómo había llegado.
—Necesita valoración inmediata.
—Necesita que localicen a un familiar que responda por él.
—Mientras tanto, sigue siendo nuestro paciente.
Su mirada se endureció.
—No te corresponde decidir cómo se administra este servicio.
Ordenó preparar su traslado a otra institución. Don Ernesto apenas podía contestar preguntas; enviarlo en ese estado me pareció una locura.
Pedí que primero lo estabilizaran.
Cárdenas me llevó unos pasos hacia el pasillo.
—Tienes reportes por cuestionar indicaciones, Lucía. No provoques otro problema.
Regresé junto a la camilla con las piernas flojas.
Don Ernesto había escuchado.
—No quiero meterla en dificultades.