—¿Lo hiciste? —susurró.
Yo entendí de inmediato.
—Sí. La casa está segura.
Tomás cerró los ojos y una lágrima bajó por su mejilla.
Camila entró después, tomada de la mano de mi mamá. Se quedó quieta al verlo despierto.
—¿Papá?
Tomás movió apenas la cabeza.
Ella lloró sin hacer ruido y acercó su dibujo a la mesa.
—Te dibujé el camino para regresar.
Aquella mañana pensé que lo peor había terminado.
Aún faltaba escuchar una verdad.
Teresa pidió verlo. La policía permitió una visita supervisada. Entró llorando, con el rostro desencajado.
—Hijo, yo nunca quise lastimarte. Mauricio perdió la cabeza. Yo solo estaba tratando de salvar a la familia.
Tomás la observó durante mucho tiempo.
Su voz todavía era débil.
—Mamá, deja de mentir.
Teresa se quedó inmóvil.
—Tú estabas inconsciente. No sabes lo que pasó.
—No podía moverme. Eso no significa que no escuchara.