Mi papá compró un depto de 4 recámaras y me olvidó al contar. Me mandó a dormir al balcón en un catre oxidado. Cuando vi mi firma falsificada para venderme a Dubái, hice mis maletas.

Pero ayer entendí algo más: ustedes falsificaron mi firma para venderme a un trabajo que no quería. Abrieron mi correo, escondieron mi carta de aceptación y quisieron cobrar mi sueldo sin preguntarme. Eso ya no es ser estrictos. Eso es crueldad.

No les debo nada. Trabajé desde los 15 dando clases para comprarme mi ropa, mi celular, mis libros. Nunca les pedí nada que no fuera un lugar en esta familia. Y ni eso me dieron.

El departamento es muy bonito. Cuídenlo. Pero ya no cuenten con mi dinero para pagarlo. Mi beca no es para ustedes. Mi vida no es para pagar la caminadora del balcón.

No me busquen en Dubai. No me van a encontrar.

Daniela.”

Tomé un Uber al aeropuerto. Con el poco dinero que tenía ahorrado pagué el taxi. Durante el vuelo de 20 horas lloré, vomité de nervios, pero por primera vez no sentí culpa.

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