Yo creí que eso era normal.
Hasta que nos mudamos al departamento de Juriquilla. Mi papá llevaba años soñando con eso. Cuando terminó su contrato y le dieron su liquidación, dio el enganche de casi 3.5 millones de pesos.
Yo ayudé tres días sin dormir a empacar cajas, a cuidar a Valentina mientras mis papás firmaban papeles. Pensé: por fin voy a tener mi propio cuarto. Una puerta que pueda cerrar.
El día de la mudanza mi papá nos hizo un tour.
— Esta es la recámara principal, de tu mamá y mía — dijo abriendo una puerta enorme con baño propio.
— ¡Esta es la tuya, Marco! — con ventanal grande, escritorio gamer nuevo, silla de 18 mil pesos y minisplit.
— ¡Y esta es la tuya, mi princesa Valentina!
Todo rosa, con un tocador con luces de TikTok y una cama king size.
Quedaba una recámara más, con mucha luz natural. Pensé: esta es la mía.