— Ya está. Aquí está fresco en la noche. Es provisional, no seas tan sentida.
Esa noche acomodé mis dos cajas de plástico con ropa. No tenía clóset. No tenía escritorio. Si alguien quería salir al balcón, yo tenía que hacerme a un lado.
Desde el catre escuchaba a mi familia adentro planeando qué cortinas comprar, dónde poner la pantalla de 70 pulgadas, qué refri comprar.
Nadie me preguntó si estaba cómoda.
Abrí mi celular. Abrí un correo que llevaba semanas leyendo a escondidas. Era de una universidad en Melbourne, Australia. Había ganado una beca internacional completa. Colegiatura, alojamiento, apoyo mensual y hasta el vuelo.
Llevaba dos años preparándome a escondidas. Clases de inglés en la noche, entrevistas, proyecto de investigación. Todo sin decirles.
Acepté la oferta. Le di clic a ACEPTAR. Apareció la confirmación.
Por primera vez sentí que había un lugar esperándome. No como la arrimada. Sino como alguien con nombre propio.