—¡Lo hice por la familia!
Leonardo dio un paso hacia ella.
—No. Lo hiciste por control.
Victoria lo miró con furia.
—Si yo no hubiera intervenido, habrías arruinado tu vida por una huérfana.
Ese insulto, después de tantos años, ya no logró herirme.
Pero mis hijos sí reaccionaron.
Ethan avanzó.
—Vuelva a llamar así a mi madre y descubrirá que sus guardaespaldas no son tan rápidos como creen.
—Ethan —dije con firmeza.
Él se detuvo, respirando fuerte.
Leonardo lo miró.
No con censura.
Con dolor.
Porque entendió que la defensa de Ethan no había nacido esa noche.
Había nacido de años viendo a su madre tragarse lágrimas sin explicar de dónde venían.
—Señor Hale —dijo Leonardo a su jefe de seguridad—, acompañe a mi madre a la salida.
Victoria miró a los guardias acercarse.
—No te atreverás.