La frase me rompió la voz.
Me odié por eso.
Por mostrarle todavía una grieta.
Leonardo dio un paso, pero se detuvo.
—Yo volví esa noche —dijo.
Lo miré.
—¿Qué?
—Nuestro aniversario. Volví a la casa después de medianoche. Estaba furioso conmigo mismo porque había permitido que mi madre me arrastrara a un evento con Vanessa. Bebí demasiado. Mi teléfono desapareció durante horas. Cuando lo recuperé, no vi tu llamada.
Sentí un escalofrío.
—No estabas con ella.
—No.
—Pero ella contestó.
—Debió tomar mi teléfono.
—Y la ducha…
—Probablemente la de su suite. Yo no estaba allí.
Apreté los puños.
Una parte de mí quería creerlo.
Otra parte quería odiarlo por llegar tan tarde con explicaciones que ya no podían devolverme la vida.
—¿Por qué no me buscaste después?
Leonardo se quedó quieto.
—Lo hice.
Negué con la cabeza.