—No.
Adrian preguntó:
—¿No intentará comprar que lo llamemos papá?
Leonardo se quedó completamente inmóvil.
Esa pregunta fue la que más le dolió.
—No —dijo al fin—. Si algún día me llaman así, tendrá que ser porque lo sienten.
Los tres guardaron silencio.
Yo sentí que el aire se aflojaba apenas.
No confianza.
Nunca tan rápido.
Pero sí una grieta en la guerra.
—Habrá condiciones —dije.
Leonardo me miró.
—Las que quieras.
—No digas eso si no lo soportas.
—Las escucharé.
—Primero: la declaración pública debe corregirse. No quiero un espectáculo, pero tampoco permitiré que el mundo crea que mis hijos son impostores.
—Lo haré.
—Segundo: Victoria Lancaster no se acercará a ellos sin mi permiso y sin el permiso de ellos.
—De acuerdo.
—Tercero: cualquier vínculo legal se hará con abogados de ambas partes, no con tu equipo imponiendo términos.