—De acuerdo.
—Cuarto: no vas a aparecer en sus escuelas, en nuestra casa o en sus vidas sin avisar.
—De acuerdo.
—Quinto: no los uses para limpiar tu imagen.
Leonardo sostuvo mi mirada.
—Nunca.
Caleb murmuró:
—Todos dicen eso antes de contratar un equipo de relaciones públicas.
Leonardo, sorprendentemente, asintió.
—Entonces ustedes revisarán cualquier comunicado antes de publicarlo.
Ethan lo miró con desconfianza.
—¿Nosotros?
—Sí.
—Somos menores.
—Son los afectados.
Caleb se cruzó de brazos.
—Eso fue una buena respuesta.
Adrian le dio un codazo suave.
—No lo felicites tan rápido.
Por primera vez en toda la noche, casi sonreí.
Leonardo lo vio.
Y ese mínimo gesto pareció dolerle más que mis reproches.
Como si recordara a la joven que un día se reía con él en autobuses llenos, bajo paraguas prestados, comiendo fideos baratos en puestos callejeros porque él decía que el dinero de su familia no le interesaba si no podía sentarse conmigo en la acera.